Mascherano, listo para la última batalla

Mascherano defendió la decisión de Sampaoli de darle un día de descanso al plantel (Foto: Nicolás Aboaf/INFOBAE)

Bronnitsy (Rusia), 14 jun .- Hace unos meses, el veterano Javier Mascherano estaba ya con un pie afuera de la selección argentina de fútbol. Hoy, es más que nunca “El Jefecito” que arma el entrenamiento en el día de capitanes y organiza el mediocampo albiceleste en el Mundial de Rusia 2018.

¿Qué pasó? Una serie de factores hicieron que el seleccionador Jorge Sampaoli cambiara rotundamente de decisión. El primero, el propio Mascherano.

Dejó el Barcelona, donde ya no tenía un lugar en el once, y decidió cerrar su carrera en la liga china. En el Hebei Fortune, bajo la dirección de Manuel Pellegrini, recuperó estado físico y ritmo de juego.

Sampaoli lo pensó primero como defensor central, pero las dificultades para armar el mediocampo argentino devolvieron a Mascherano a su puesto histórico como 5. Y del banquillo de suplentes, saltó a titular indiscutido.

“Soy un soldado que ahora va directo a morir, porque la realidad es que esta es la última batalla y estoy disponible para lo que el entrenador necesite”, expresó antes de viajar a Rusia.

Cuando el sábado salga al campo de juego a enfrentar a Islandia, Mascherano habrá firmado a sus 34 años su cuarto Mundial, un récord que compartirá con Diego Maradona y Lionel Messi. Pero lidera en solitario la marca histórica de jugador con más partidos con la camiseta albiceleste, 143.

Debutó con la camiseta de Argentina en la selección Sub 15 y desde entonces no paró. Conquistó dos oros olímpicos, en Atenas 2004 y Pekín 2008, pero nada con la selección mayor, su gran asignatura pendiente. Como el grupo de referentes que integra hoy el conjunto, arrastra la pesada mochila de tres finales consecutivas perdidas, el Mundial de Brasil 2014 y las Copas América 2015 y 2016.

Mascherano nació el 8 de junio de 1984 en una pequeña ciudad, San Lorenzo, cerca de Rosario. Empezó a jugar en la escuela de Renato Cesarini, una cantera de futbolistas, y debutó en 2003 en la Primera División de River Plate.

Rápidamente saltó al fútbol internacional, con una carrera en el Corinthians, de Brasil; el West Ham y el Liverpool, de Inglaterra y luego su etapa en el Barcelona, entre el 2010 y principios de este año. En ese período conquistó trece títulos antes de marcharse en el receso de invierno tras aceptar una jugosa oferta en China.

“Mi situación no es la misma que hace cuatro años, o dos años atrás, y lo tengo bien claro. Pero no significa que porque no esté en esa misma situación no pueda seguir aportando cosas. Sé en qué cosas fallo. Mi única preocupación ha sido estar a la altura de la situación. A veces he estado, otras no”, reconoció.

Su rendimiento fue irregular en la previa al Mundial, fue titular junto a Lucas Biglia en el la dolorosa derrota por 6-1 ante España. Pero Sampaoli decidió volver a apostar por él para el debut en Rusia ante Islandia.

Mascherano, más allá del fútbol, tiene una ascendencia especial en el grupo. Así como Messi es el líder futbolístico, él es el patriarca, el referente emocional del grupo en la concentración albiceleste. El que se ocupa de integrar a los nuevos, la voz de la experiencia, el que organiza el torneo de truco, el tradicional juego de naipes argentino que apela a la picardía. Conoce como pocos a Messi, a quien le cedió la banda de capitán en Sudáfrica 2010.

Y el lunes cuando Argentina abrió las puertas de su entrenamiento al público en Bronnitsy, el pequeño pueblo a 60 kilómetros de Moscú, Mascherano se hizo cargo junto a Messi, Sergio Agüero y Lucas Biglia del “día de capitanes”, al mejor estilo del rugby, y organizó la rutina de práctica. No esconde su afán por convertirse en técnico una vez que decida cerrar su carrera como jugador. Entiende el juego como pocos y varios le auguran un gran futuro.

Pero lo suyo son también los negocios. Mascherano es socio de la empresa que gerenciará los “e-games” de la Superliga argentina de fútbol.

En el final de su carrera, Mascherano ya tiene un ojo puesto en lo que vendrá. Pero antes quiere disfrutar como nunca su último Mundial, en el que Sampaoli le reconoció la vigencia que nunca perdió, aunque su nivel futbolístico a veces haya sido puesto en duda. El soldado está listo para la última batalla.

DPA/ Cecilia Caminos

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