Marta y Gio, el talento intergeneracional ya se mezcla en Brasil

En la imagen, la futbolista brasileña Marta. EFE/ Srdjan Suki /Archivo

Madrid, 29 oct .- Rota frente a la cámara y sorteando el llanto, Marta Vieira da Silva dejó en su despedida del pasado Mundial de Francia una conmovedora interpelación a cualquier joven futbolista que desee seguir su estela en la Canarinha.

Sin maquillar su dolor por la eliminación en octavos, la Reina del fútbol arrancó desde las vísceras una sincera reflexión: “Sin duda, este Mundial ha sido especial y la gente tiene que aprovecharlo. Digo esto en el sentido de valorar más. La gente pide apoyo (…) pero es necesario llorar al comienzo para sonreír al final. Cuando digo eso me refiero a querer más, a entrenar más, a cuidarse más para estar preparada para jugar 90 minutos; y después 30 más, lo que dure el partido. Porque Formiga no va a estar siempre. Marta no va a estar siempre. Cristiane no va a estar siempre”.

Es consciente la atacante de Dois Riachos de que, con 34 años, enfila la última etapa de su trayectoria deportiva. Ninguna jugadora ha brillado tanto a nivel individual como ella, distinguida en seis ocasiones como la mejor futbolista del mundo. Sirva todo ello para erigirla en emblema de Brasil y en espejo de todas aquellas jugadoras que ahora afloran en la ‘verde-amarelha’.

Resulta común desde la llegada al banquillo de Pia Sundhage que veteranas y noveles se mezclen sobre el césped. “Podemos imaginar a Formiga y a Giovana compartiendo la misma época, jugando en el mismo campo e intercambiándose pases. Para mí, eso es genial. Hasta ahora esta experiencia está siendo fantástica y refleja cómo serán las convocatorias”, adelantó la preparadora sueca.

La selección brasileña cerró esta semana una concentración de nueve días en Portimao (Portugal), con 21 jugadoras que actualmente compiten en Europa, Estados Unidos y China. Con otro grupo, limitado a las futbolistas que militan en diferentes clubes de Brasil, trabajó en la Granja Comary de Teresópolis en septiembre. En base a esas dos experiencias, Pia Sundhage tendrá la oportunidad de analizar, evaluar y comparar el rendimiento de las internacionales para definir el equipo que competirá el próximo verano en los Juegos Olímpicos de Tokio.

“Desde el punto de vista de la idea de juego y de la intensidad, los entrenamientos de ambas selecciones fueron muy buenos. Lo valoro y lo agradezco. Tal vez aquí, en Portugal, la intensidad ha sido un poco más alta. Pero en ambas concentraciones enfatizamos nuestra idea de juego, con los dos grupos. Existen buenas jugadoras en todo el mundo. El objetivo ahora es juntar a estas futbolistas con la misma mentalidad y un objetivo en común”, convino.

En Portimao debutaron con la selección absoluta Laís, Ana Vitória, Mylena y Giovana Queiroz, una jugadora de 17 años sobre las que están puestos muchos ojos, no solo los de Pia Sundhage.

Como “una delantera polivalente que mezcla potencia, velocidad y técnica” la describe la secretaría técnica del Barcelona, club al que se incorporó el pasado verano y al que está ligada hasta 2023.

Debutó en la Primera Iberdrola con 15 años, precisamente en la Ciudad Deportiva Joan Gamper, aunque entonces Gio jugaba en el Madrid CFF. Al equipo azulgrana le sedujo su talento. “Se le augura un futuro muy prometedor”, subraya la entidad en su ficha.

En esa visión coinciden las federaciones de España, donde vive; de Estados Unidos, donde pasó parte de su infancia; y de Brasil, donde nació y de donde son originarios sus padres.

No es lo habitual, pero Giovana Queiroz jugó en las categorías inferiores de las tres selecciones. Ocurre que Pia Sundhage fue la primera seleccionadora que le abrió las puertas de la absoluta, atreviéndose a colocarla junto a las grandes figuras de la Canarinha. “Fue realmente genial entrenar con Marta. Fue un sueño”, confesó la delantera del Barcelona al término de la concentración en Portimao.

Por delante la joven futbolista nacida en Sao Paulo tiene una decisión trascendental. ¿Vestirá la camiseta de España, de Estados Unidos o de Brasil?

De momento, es cautelosa. “Para tomar la decisión correcta, necesito sentirme bien en el equipo. Tengo que sentirme bien con mis compañeras y con la entrenadora y sentirme cómoda en el campo”, reflexiona.

En la Canarinha es la mismísima Marta la que le abre la puerta. Gio representa a todas esas niñas a las que se dirigió la estrella brasileña, con la voz quebrada, tras perder el cruce de octavos de final del Mundial de Francia ante la selección anfitriona en aquella fatídica prórroga.

EFE
Lucía Santiago

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