Las claves de la derrota de España ante Eslovaquia

Varios jugadores de la selección española a su llegada hoy al aeropuerto de Luxemburgo, donde el próximo domingo disputarán el tercer partido de la fase de clasificación a la Eurocopa 2016. (EFE)
Varios jugadores de la selección española a su llegada hoy al aeropuerto de Luxemburgo, donde el próximo domingo disputarán el tercer partido de la fase de clasificación a la Eurocopa 2016. (EFE)

Luxemburgo, 10 oct (EFE).- La selección española perdió ocho años después un partido de clasificación de una Eurocopa, sorprendida por Eslovaquia, con claves que marcaron el duelo como un error de Iker Casillas, la falta de confianza, la poca puntería de Diego Costa en La Roja y la poca profundidad con ausencia del juego por las bandas.

Las claves de la derrota de España ante Eslovaquia fueron:

1. El error de Casillas: cuando recuperaba su confianza partido a partido, acercándose a la imagen sobria del pasado con una parada de las de antaño repleta de reflejos, los fantasmas volvieron a reaparecer para Iker. Una falta potente pero centrada, un efecto que vio tarde porque ya se había lanzado, y la mano que sacó blanda provocó el primer tanto del partido. En el segundo, a tres minutos del final, nada pudo hacer porque ya estaba dentro de su portería cuando remató Stoch un contragolpe letal. El debate en la portería se reabre. Y eso que no está Víctor Valdés.

2. Falta de confianza: España ha pasado de ser una selección ganadora a ser un equipo endeble capaz de perder cuatro de sus seis últimos encuentros. Ha caído ante Holanda, Chile, Francia y Eslovaquia. esas derrotas demuestran que hay un problema de fondo y una desconocida falta de confianza. Aunque tuvo personalidad para encerrar a su rival, le faltó ese plus que materializase su dominio en goles.

3. Diego Costa, sin puntería: El hispanobrasileño vive un calvario en la selección española. Seis partidos y ni un solo gol. Un total de 446 minutos y un rendimiento cuestionado por todos menos por Vicente del Bosque, que busca su parte de culpa. Ante Eslovaquia, Diego hizo su mejor partido con La Roja pero su puntería sigue igual de desviada. Al fin tuvo ocasiones claras, que demandaba, y el equipo jugó más para él, pero el portero Kozácik se convirtió en su pesadilla. Necesita un gol para calmar su obsesión.

4. Poca profundidad: El dominio del juego no estuvo acompañado por la profundidad. En ocasiones, España mostró un fútbol demasiado horizontal, con poca variedad de recursos para romper las líneas de un rival junto en el campo, con nueve jugadores por detrás del balón. Del Bosque se ha olvidado de la figura del extremo que antes utilizaba como ‘plan B’ con Jesús Navas, y hay días en los que los delanteros necesitan centros desde las bandas que este jueves apenas llegaron. El único con precisión, de Jordi Alba, lo transformó en gol Paco Alcácer.

5. Los contraataques: Los internacionales españoles estaban avisados por Del Bosque de que afrontaban el “partido más difícil del grupo” y de que el mayor peligro de Eslovaquia eran los contraataques. Pese a ello, España sufrió siempre que conectaron Weiss, Hamsík y Mak primero, con Stoch dando la puntilla. Con los laterales de La Roja instalados en el campo contrario, el desajuste llegó cuando el rival apostó por la velocidad.

6. Final caótico: España empató a ocho minutos del final y su sentimiento de superioridad le llevó a lanzarse a por el triunfo. Nadie pensó que los cambios de Del Bosque habían dejado una defensa de tres o que era Santi Cazorla el que ejercía de lateral derecho. A tres minutos del final, una jugada rápida cogió descolocados a todos los jugadores españoles, que estuvieron lentos y recibieron el castigo del tanto y la derrota.
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España necesita líderes de vestuario

Luxemburgo, 10 oct (EFE).- El día después de una de las derrotas más sonrojantes de la ‘era Del Bosque’, la cosechada con Eslovaquia, la selección española escenifica públicamente una realidad interna de su vestuario, la falta de líderes, al sacar a dar la cara a Paco Alcácer, nuevo en el ruedo, y a César Azpilicueta, que no jugó.

España vive una época de cambio en la que necesita futbolistas que asuman un liderazgo vacante en el vestuario por la retirada de emblemas de la Roja.

Primero fue Carles Puyol el que se vio obligado a dejarlo por las continuas lesiones, y luego la falta de jugadores de peso se ha extendido por la decisión de Xavi Hernández, Xabi Alonso y David Villa de cerrar el capítulo de la selección o por la ausencia de las listas de Fernando Torres. Todos ellos jugadores de gran personalidad que tenían mucha importancia en la unión y la toma de decisiones del grupo.

Esto, sumado a la inesperada ausencia por lesión del verdadero líder actual, Sergio Ramos, deja una situación en la que alguno debe dar un paso adelante en plena transición. No lo hará Iker Casillas, un capitán diferente que comparte responsabilidades la mayor parte de las ocasiones con varios compañeros, ahora acuciado por las críticas y hastiado.

De nuevo en el abismo por un grave error en la falta que propició el primer tanto de Eslovaquia, sus 158 partidos deberían obligarle a dar un paso al frente hoy, pero posiblemente será mañana cuando comparezca públicamente, en vísperas del partido ante Luxemburgo.

Así las cosas, del grupo de jugadores que forman la nueva selección española hay una segunda línea que pasa a tener responsabilidad de capitán sin aún sentirla y que tienen personalidades que no encajan en el papel.

El segundo de a bordo es Andrés Iniesta, con 101 partidos. Admirado por todos sus compañeros pero tímido e introvertido para ese rol, en el campo su liderazgo sí es natural.

Con Cesc Fábregas, 94 internacionalidades, el papel pega más, pero debe ser Vicente del Bosque el que le entregue galones. Lo hace paso a paso intentando dar regularidad a una relación instalada en una montaña rusa.

Cesc no entendió cómo tras ser pieza clave como falso nueve en la conquista de la Eurocopa 2012, pasó a un papel secundario en el Mundial de Brasil. Acabó cometiendo un error en un entrenamiento, reprendido públicamente por el seleccionador, al que no se le cayeron los anillos cuando, tras dejar pasar un tiempo, cogió un vuelo a Londres y se sentó a comer con él y Diego Costa para conocer sus intenciones de futuro. Ninguno dudó sobre seguir en la Roja, comprometidos con la nueva etapa que se inicia.

Ya más alejados en números de partidos y en responsabilidades están David Silva, 86 encuentros y sin la personalidad de llevar la voz de mando en un vestuario, y Gerard Piqué, 62 internacionalidades, que sí encaja en el perfil si se alejase de las excentricidades que han marcado sus últimos capítulos como internacional. Su fin de Mundial, tras ser mandando al banquillo por su bajo rendimiento en entrenamientos y partidos, tomando el sol de Curitiba en el último e ingrato encuentro ante Australia, debe borrarlo de la memoria de todos recuperando buenas actuaciones.

La papeleta recae en Del Bosque, que cuando se agarró al cargo y no dimitió tras el fracaso en el Mundial ya sabía que el inicio del cambio no sería una tarea sencilla. El seleccionador debe entregar galones y que estos respondan. De momento no lo hacen. Horas después de una derrota en una fase de clasificación que hacía ocho años que no se producía, darán la cara Alcácer, con tres internacionalidades a sus espaldas, y Azpilicueta, con nueve, que sufrió desde el banquillo la derrota de Zilina.

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